31 ene. 2010

Esta es Mi Palabra

Extracto de la obra divina manifestada
http://www.universelles-leben.org/


“... Por eso, cuando estéis reunidos, debéis rezar así:
6. “Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu nombre. Tu Reino viene. Hágase Tu voluntad, como en el Cielo, así en la Tierra. El pan nuestro de cada día dánoslo día a día, y el fruto de la vid viva. Y tal como Tú nos perdonas nuestros pecados, perdonemos nosotros los pecados de otros. No nos abandones en latentación, y líbranos del mal, porque Tuyos son el Reino y el Poder y la Gloria por toda la eternidad. Amén.
(Cap. 26, 5-6)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

La oración comunitaria, el Padre Nuestro, es rezado con palabras y contenidos distintos, porque cada colectividad lo reza de modo correspondiente al potencial de amor de la colectividad.
Siendo Jesús de Nazaret enseñé la oración comunitaria, el Padre Nuestro, en Mi lengua materna, es decir, con otras palabras, y por tanto también con contenidos diferentes, respecto a como fue rezado en tiempos posteriores y en otras lenguas.
Las palabras como tales son irrelevantes. ¡Lo importante es que el hombre realice lo que reza! Entonces, cada palabra que sale de su boca es vivificada con amor, fuerza y sabiduría.
No debéis rezar al pie de la letra ni tratar de rezar textualmente el Padre Nuestro que enseñé a los Míos. Lo esencial es que vivifiquéis las palabras de vuestras oraciones con el amor al Eterno y a vuestro prójimo y que el contenido de vuestras oraciones se corresponda con vuestra vida.
Los hombres que estén inundados por la verdad eterna, el amor y la sabiduría de Dios, orarán a su vez de manera distinta a aquellos que sólo rezan porque se les enseñó a hacerlo o porque pertenecen a una confesión en la que las oraciones son pronunciadas de acuerdo con el estado de consciencia de la confesión.
Los hombres que van de camino a su origen divino oran libremente, es decir, con palabras elegidas por ellos, vivificadas con amor y fuerza.
Los hombres que vivan en Mi espíritu, que estén traspasados por el amor y la sabiduría de Dios, y que por tanto realicen las leyes de Dios en la vida diaria, ante todo darán gracias a Dios por haberles dado la vida y por todo, Lo alabarán y loarán y Le consagrarán cada día más su vida –en sensaciones, pensamientos, palabras y obras–, porque se habrán convertido en vida de Su vida.
Los hombres que están en el espíritu del Señor viven la oración. Es decir, cumplen cada vez más las leyes del Eterno y ellos mismos han llegado a ser la oración que es adoración a Dios.

Quien por tanto cumple la voluntad de Dios, vive cada vez más en la adoración a Dios. Tales hombres no sólo guardan las leyes de Dios, sino que en gran medida han llegado a ser la ley del amor y de la sabiduría.

En el Reino de Paz de Jesucristo, que está madurando, en el que Yo Soy el Soberano y la Vida, los hombres guardarán cada vez más la ley de Dios. Muchos de ellos habrán llegado a ser la ley –y así hombres– Dios, que personificarán a la Vida, Dios, en todo lo que piensen, hablen y hagan–. Sus oraciones serán la vida en Mí, la consumación de la ley eterna. Con su vida, que es la ley de Dios, agradecerán a Dios la vida.
El agradecimiento a Dios, pues, es la vida en Dios. Su vida, que será un único gracias, fluirá al Reino de Paz.
Ellos orarán conforme el sentido de las siguientes palabras de oración, que realizarán en la vida diaria:


Padre nuestro, Tu Espíritu está en nosotros,
y nosotros estamos en Tu Espíritu.
Santificado es Tu nombre eterno en nosotros
y a través de nosotros.
Tú eres el Espíritu de la vida,
Tú eres nuestro Padre primario.
De Ti llevamos nuestro nombre eterno.
Tú, el Eterno, nos lo has dado
y has puesto la plenitud
del infinito en nuestro nombre.
Nuestro nombre, que Tú nos has dado con Tu soplo,
es el amor y la sabiduría
–la plenitud que proviene de Ti,
la ley en nosotros y a través de nosotros.
Nuestro Reino eterno es el infinito
–la fuerza y la gloria en Ti y provenientes de Ti.
Nosotros somos herederos del Reino eterno.
Por ello somos el propio Reino,
el Hogar eterno.
Él está en nosotros y obra a través de nosotros.
Tu voluntad infinita y gloriosa está en nosotros
y obra a través de nosotros.
Tu fuerza de voluntad es nuestra firmeza de voluntad.
Ella obra en nosotros y a través de nosotros,
pues nosotros somos espíritu de Tu Espíritu.
El Cielo no es tiempo ni espacio
–Cielo y Tierra son uno,
porque nosotros estamos unidos en Ti.
El amor y la fuerza en nosotros y a través
de nosotros es nuestro pan cotidiano.
Tú, oh Padre eterno y glorioso,
has hecho surgir en nosotros
todo lo que vibra en el infinito.
Tú creas a través de nosotros en el Cielo
y en la Tierra.
Somos en Ti, y Tú obras en nosotros
y a través de nosotros.
Estamos colmados en Tu Espíritu,
porque somos espíritu de Tu Espíritu.
Somos ricos en Ti,
puesto que vivimos nuestra herencia, el infinito que proviene de Ti.
Nuestra herencia eterna, espíritu de Tu Espíritu,
hace surgir para nosotros
lo que, como hombres, en el Reino de Paz
necesitamos.
Vivimos en Ti y de Ti.
La vida fluye y se regala.
Vivimos en la plenitud proveniente de Dios,
porque nosotros mismos somos la plenitud.
La Tierra es el Cielo,
y, el Reino de Paz, la riqueza de la Tierra,
en la que vivimos y somos
–espíritu de Tu Espíritu.
Vivimos en el Reino interno
–y, sin embargo, somos hombres que personifican en el exterior
lo que irradia en el interior.
Alabado es el nombre del Señor.
Él es vida en y a través de nosotros.
El nombre de Dios es la ley vivida del amor
y de la libertad.
El pecado es transformado
–la luz ha venido.
Vivimos de Su luz
y vivimos en y de Su Espíritu,
ya que somos espíritu de Su Espíritu.
En Dios todo está saldado.
Su nombre lo ha limpiado todo.
¡Alabada sea la gloria de Dios!
Voluntad, Amor y Sabiduría de Dios
traspasan la Tierra y nuestra tierra.
Nosotros mismos somos la Tierra y nuestra tierra
–voluntad, amor y sabiduría.
En nosotros está la bondad de Dios –lo bueno proveniente de Dios.
Estamos en Dios y obramos desde Dios.
La Tierra es del Señor
–ella es el reino del amor,
que obra en y a través de nosotros.
La Vida, la gloria del Padre,
obra en nosotros y a través de nosotros
–de eternidad a eternidad.

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