1 mar. 2008

La bebida medicinal sagrada


"Yo soy la verdadera viña", dijo Jesús, de quien el primer milagro fue convertir el agua en vino. Su última obra fue la introducción del vino como sacramento. Él mencionó al vino especificamente como alimento curativo en la historia del Buen Samaritano: "... y lo vendó las heridas, vertiendo vino y aceite".

Se ha comprobado que el vino tinto es un poderoso curativo. No cabe duda de que la Biblia y sus autores reconocieron su efecto en el cuerpo humano, especialmente en las funciones del corazón y el sistema circulatorio, en el conducto gastrointestinal, y el sistema nerviso central.

El vino se usaba como antiséptico para limpiar heridas (Lucas 10:34). Como anestésico, inducía el sueño y quitaba el dolor
("Me golpearon, pero no sentí nada ¿cuándo despertaré?" - Proverbios 23:55).
A la mesa, estimulaba el apetito y la digestión ("No sigas bebiendo agua sola. Toma un poco de vino, a causa de tu estómago y tus frecuentes malestares". - Timoteo 5:23).
Los sacerdotes curanderos lo usaban como estimulantes para los corazones débiles ("vino que da contento al corazón" - Salmos 104:15), para fortalcer los latidos y mejorar la circulación.
Durante siglos, antes de las píldoras, la gente lo usaba como tranquilizante natural.
(Que beba [vino], que olvide su desgracia, que no recuerde ya su pena".
- Proverbios 31:6-7)

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