24 ene. 2010


Cada noche, cuando te sientes a meditar, ora a Dios incesantemente. Rasga el silencio con tu anhelo. Clama a Dios como lo harías para obtener la atención de tu madre o de tu padre: "¿Dónde estás? Tú me creaste. Tú me diste inteligencia para buscarte. Ya sé que te hallas en las flores, en la luna y en las estrellas, pero ¿porqué permaneces oculto? Ven a mí. ¡Tienes que venir!". Con toda la concentración de tu mente y con todo el amor de tu corazón, rasga los velos del silencio una y otra vez. Así como el batir continuamente la leche aparece la mantequilla que se oculta en ella, del mismo modo al agitar el éter con el batidos de tu devoción. Dios se manifestará.

Paramahansa Yogananda.

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