2 sept. 2009

Hacer Juicios es perder la Paz

Georgina Arteaga Carlebach
geo1148@yahoo.com


Basado en el artículo de la misma autora: Fuera Juicios, Fuera Emociones, Fuera Expectativas. Boletín Mensual de Milagros en Red. Vol. 7. No. 69. 2008. Argentina.

Susan Trout en su libro To See Diferently (Three Roses Press. 1989) nos comenta que en ninguna etapa de nuestra vida nos fue enseñado verdadera y sanamente cómo hacer frente a nuestros conflictos, cómo relacionarnos amorosa y compasivamente con otras personas y, menos aún cómo sentirnos seguros en un mundo aparentemente inseguro y agresivo.
En la mayoría de las casos, y sin generalizar, durante nuestro proceso educativo y sociocultural, a la mayoría de las personas durante la etapa infantil, que es en la que se forman los conceptos y actitudes que en la etapa adulta nos conforman y se manifiestan, no nos enseñaron cómo observar, mantener y cuidar nuestra mente, y pareciese que sabemos más sobre cómo abusar de ella, experimentando así en nuestras vidas y en nuestros cuerpos obstáculos que nuestra mente fabrica a través de un sistema de pensamiento erróneo, basado en la idea del pecado que nos genera culpa que nos hace introducirnos en la idea de un castigo esperado, negándonos con ello la paz y la felicidad.

A través de estos años de desarrollo emocional fuimos construyendo expectativas en base al pasado y en base a este pasado hacemos juicios en el presente, nos enjuiciamos permanentemente a nosotros mismos y como una proyección natural de esto hacemos juicios sobre las personas que nos acompañan, y ni siquiera nos damos cuenta de ello. Bajo este panorama generalmente tomamos decisiones y actuamos la mayor parte del tiempo en niveles de inconciencia, y en muy pocas ocasiones sabemos cómo auto observarnos sin hacer un juicio o calificarnos, y al no hacerlo no podemos conocernos a nosotros mismos y encontrar cuáles son realmente las causas, necesidades, sentimientos y valores que nos otorgamos, es como si no supiésemos cómo poder observarnos sin juicios y sin culpas, solo conociéndonos y reconociéndonos como creaciones perfectas, a Imagen y Semejanza de Dios.
¿Nos hemos preguntado alguna vez por qué nos enjuiciamos y enjuiciamos a todos y todo? ¿Cual es la causa real de que una determinada persona nos haga sentir tristes o contentos o, simplemente nos caiga bien o mal? ¿Qué ocasionó que a la persona que creíamos amar en el pasado ahora en este presente nos sea casi imposible soportarla? ¿Por que recurrimos casi al sacrificio por agradar a las personas con las que convivimos pero sin agradarnos a nosotros mismos en algunas ocasiones? ¿Por qué buscamos en el exterior la aprobación que nosotros mismos no podemos otorgarnos? ¿Qué el lo que nos detiene para ser realmente felices y unirnos a la voluntad de Dios?

Las respuestas a estas preguntas estarán apoyadas en nuestro especial sistema de pensamiento que hemos formado y desarrollado a través del tiempo, un sistema basado en falsos conceptos de pecado, culpa y castigo, incapacidad de experimentar el Cielo de Dios que nos sume en el infierno del ego, uno en el que todo lo tenemos apoyado en el pasado sin poder vivir el presente que es lo único importante, el aquí y ahora, un mundo en el que “vemos y creemos” pero no observamos y conocemos.
Fuera juicios lo que significa es solo saber observarnos a nosotros y a las personas y situaciones que nos rodean sin enjuiciar, haciéndolo en forma paciente, compasiva y amorosa, situándonos solo en el presente y recordando que un juicio siempre está basado en una evaluación subjetiva y basado en experiencias del pasado, y que cuando nos enjuiciamos llega un punto en que no lo soportamos y en ese instante automáticamente, a nivel inconsciente, empezamos a revisar cómo podemos proyectar la culpa que cargamos a alguien mas, activándose con ello nuestro poderoso sistema de defensa y proyección, y así nuestro deseo oculto de cómo queremos vernos y ver a las personas y eventos estará determinado por la manera en que queremos percibirnos y percibir el mundo, en donde cada acción es calificada, evaluada y enjuiciada, llegando a un final de escenario en el que siempre estaremos proyectándonos de acuerdo a cómo nos estamos percibiendo.
La decisión de juzgar en vez de conocer es lo que nos hace perder la paz. Juzgar es el proceso en el que se basa la percep¬ción, pero no el conocimiento… Los juicios siempre entrañan rechazo. Nunca ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan, ya sea en ti o en otros…Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto. Esto no puede ser verdad a menos que también creas que aquello contra lo que has juzgado no existe… En última instancia, no importa si tus juicios son acertados o no, pues, en cualquier caso, estás depositando tu fe en lo irreal… independientemente del tipo de juicio de que se trate…No tienes idea del tremendo alivio y de la profunda paz que resultan de estar con tus hermanos o contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase…No tienes que juzgar para organizar tu vida, y definitivamente no tienes que hacerlo para organizarte a ti mismo. (UCDM.T.3.VI.2,3)
En estas mismas grabaciones del pasado apoyamos nuestras expectativas y emociones, diseñamos imágenes de personas y eventos sobre las cuales generamos ideas de cómo deben presentarse y actuar, y si cumplen además los parámetros que previamente hemos establecido en base una especial educación que hemos recibido, mensajes y experiencias que fuimos poco a poco acumulado en el pasado con las cuales generamos, a partir de ello, emociones de amor y odio, culpa y castigo. El no expectativas y no emociones no significa no sensibilidad, porque podemos mantener nuestra sensibilidad que nos permite observar y disfrutar la belleza de la verdadera Creación de Amor de Dios, seres sensibles sin generar las emociones que conducen al sufrimiento, comprendiendo que el dolor en nuestras vidas puede ser inevitable, pero observando que el sufrimiento es una decisión personal, porque nos situamos y nos hacemos cargo solo de nuestro presente y en éste no se generan expectativas, y al no presentarse estas últimas ningún evento o persona es enjuiciado.
No nos damos cuenta de nuestros juicios porque vemos todo fuera de nosotros. Si empezamos a auto observarnos podremos encontrar que todo está dentro de nosotros, nos conoceremos de forma tal que podremos ahora distinguir con claridad los juicios que permanentemente hacemos. Y tal vez lo más importante no sea dejar de hacer estos juicios, pero sí de observar que los hacemos y poder desde ahí empezar a modificar e incrementar nuestra energía al poder aceptarnos sin tratar de modificar lo de afuera, modificando solo nuestro sistema de pensamiento y descubriendo que, como se plantea en Un Curso de Milagros®, afuera no hay nada que nos pueda causar placer o dolor, esto está solo en nuestras mentes y esa es exactamente una decisión personal. Cuando nos hacemos cargo de nosotros mismos empezamos a experimentar una profunda paz, y podemos hacer frente a los problemas que se nos presenten con una mayor claridad, y por lo mismo ofreciéndonos mejores soluciones.

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