9 abr. 2009

Cristo en el Huerto de Getsemaní



-La hora de prueba ha llegado -dijo el Maestro a los suyos-. Velad y orad para no caer en tentación, porque hoy seréis todos puestos a prueba por causa mía. Mirad que estáis avisados.

"Velad y orad para que vuestra fe no vacile, porque aunque el espíritu vela, la materia es tiniebla y a menudo lo obscurece y lo ciega.

Y se apartó unos pasos al pie de un gran peñasco en el cual solía apoyar sus manos cruzadas para la oración. -¡Padre mío!... -clamó desde lo hondo de su espíritu resplandeciente de amor y de fe-. ¡La naturaleza humana se espanta de beber este cáliz, mas no se haga mi voluntad sino la Tuya! -Su espíritu se elevó al Infinito como una estrella solitaria en cuyas órbitas lejanas, mucho más allá de los dominios de la mente humana, ningún ser de la tierra le podía seguir.

¡Alma excelsa del Cristo, solitaria a causa de su grandeza; y en la hora de su inmolación, más sola aún, para que el holocausto fuera completo, sin consuelo de la tierra y con los cielos enmudecidos!

¡Las pequeñas criaturas terrestres doblamos la frente al polvo, y nuestra alma se abisma sin comprender la suprema angustia del Cristo que lo sumía en honda agonía, y el heroico amor a sus hermanos que lo transportaba a las cumbres serenas del Ideal! ...





Obra de: Doña Josefa Rosalía Luque Álvarez

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