24 ago. 2008

Salmo a Sofía


Salmo a Sofía extraído del “Libro de la Sabiduría” (libro deuterocanónico del Antiguo Testamento), Capítulos 7 y 8.

"Elevé mi plegaria a Dios y Sofía, el Espíritu de la Sabiduría, llegó a mí.

La amé y desde joven la busqué, anhelando que fuera mi novia. De Su belleza fuí un enamorado.

Su intimidad con Dios ensalza Su nobleza, y el propio Señor del Universo la ama.

La preferí a cetros y tronos. En nada estimé la riqueza en comparación con Ella.

Ni con la piedra más preciosa la equiparé, porque todo el oro a Su lado es cual puñado de arena, y la plata se valúa como simple barro.

La amé más que a la salud y la hermosura, prefiriéndola a la misma Luz, pues la Luz que de Ella irradia nunca falla.

La Sabiduría se extiende poderosamente de un extremo a otro de la Creación y ordena con Perfección todas las cosas.

Porque la Sabiduría, que plasmó todas las cosas, me enseñó. En Ella hay un espíritu santo e inteligente, único y no obstante múltiple, sutil, ágil, claro, límpido, diáfano, invulnerable, amante del bien; inteligencia que no conoce confusión, que todo lo penetra y que es siempre bienhechora.

Sofía es más movible que cualquier movimiento, todas las cosas penetra y atraviesa en virtud de Su Pureza.

Es versada en los misterios de Dios y amante de Sus Obras.

Es más bella que el Sol y supera al sistema estelar. Si uno la compara con la Luz, la encuentra en una posición preeminente.

Es el hálito del Poder de Dios, es emanación cristalina de la Gloria del Omnipotente, por lo cual nada impuro puede alcanzarla.

Es el esplendor de la Luz imperecedera, un espejo sin mácula del Poder Divino, una efigie de Su bondad.

A pesar de ser Una sola, lo puede todo; y permaneciendo constante en sí misma, todas las cosas renueva. En todas las edades penetra en las almas santas y las convierte en amigos de Dios y en Profetas.

Porque Dios ama a quien vive con Sabiduría."





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