16 jun. 2008

Los Koptos



Los KOBDAS o KOPTOS pertenecían a una escuela de Alta Sabiduría del antiguo Egipto de la época Pre-Histórica (en el lejano neolítico); constituían una vasta Institución científica y filantrópica consagrada al desarrollo de las elevadas facultades del espíritu y el bien de la Humanidad. Esta vasta Institución, especie de Sociedad Científica y Comunidad religiosa digámoslo así pero que no poseían más religión que la Justicia, la Verdad y el Bien, eran auténticos Misioneros de la Sabiduría y el Amor.

Los primeros fundadores de dicha Comunidad pertenecieron a un núcleo emigrado de ATLÁNTIDA, azotada por las aguas, que a esa altura ya empezaba a dormir su sueño eterno en la profundidad de los mares, acompañando en ese sentido al perdido continente lemuriario hundido siglos atrás bajo las aguas del entonces Mar Sereno (Océano Pacífico de hoy); que lograron refugiarse en las cavernas de las montañas del Noreste africano, donde los gigantescos picos del Revenzora les dieron refugio por tres siglos, hasta que poco a poco fueron construyendo Santuarios donde impartían sus enseñanzas, adonde podían acudir gente de todas las razas y condiciones sociales.

Adoptaron como símbolo y genio inspirador para la obra que comenzaban a NUMÚ, un pastor de ovejas que vivió en la ciudad de Mirt-ain-Mari (que significa "Mirando al mar", la ciudad del continente lemur de muchos milenios atrás de la época que nos estamos refiriendo, continente que el Mar Sereno (ya referido) había tragado).

En su labor misionera y civilizadora pronto los Kobdas se vieron obligados a ser maestros, médicos, árbitros, administradores y consultores de aquellas poblaciones de aquellas tribus entre las cuales no había aún una idea bien definida respecto al origen y destino del ser y mucho menos de las leyes y fuerzas que la gobiernan. La elevación moral e intelectual de los Kobdas les dio pronto un gran ascendiente sobre aquellas multitudes que comenzaban a mirarles como a seres extraordinarios. Toda la antigua sabiduría de Oriente no reconoce otra cuna ni otro origen que éste y de ahí la notable semejanza en los principios fundamentales de todas las antiguas filosofías y religiones.

Los Kobdas, incansables buscadores de la Sabiduría y de la Verdad, una única dicha podían ambicionar: la de hacer la dicha de los demás y fueron decididos cultivadores del espíritu y apóstoles de la redención humana terrestre de aquella remota época donde existían muchas barbaries y costumbres que rayaban a la altura de lo monstruoso. Aquellos hombres y mujeres, incansables buscadores del por qué de todas las cosas, que marcan rumbos y derroteros a las almas y a las humanidades, enseñaban que cada civilización, cada colectividad, cada raza, cada individuo, viene a la vida terrestre con un programa a cumplir y que de su buen o mal cumplimiento, dependerá luego la evolución, el progreso, el triunfo, la grandeza colectiva e individual; y que la falta de ese cumplimiento acarrea la ruina, la degeneración, el exterminio, el aniquilamiento, la desaparición de civilizaciones, dinastías, razas y doctrinas sustentadas por ellas.

Apóstoles de la Paz y el Amor, aquellos hombres y mujeres que constituían la Hermandad Kobda tenían entre sus postulados lo que constituía la frase y el lema más común y máximo en ellos: "El AMOR ES EL MAGO DIVINO QUE SALVA TODOS LOS ABISMOS".

El término KOBDDA o KOPTO significaba según ellos "CORONA", o sea lo más alto a que puede llegar el ser humano en la tierra y para ello debía empezare por dominar en absoluto sus pasiones, por eso corona de justicia, de amor y de paz debía ser la vida del Kobda y aún de aquellos Kobdas que llegaran a ser dirigentes de pueblos. El nombre KOBDA en la lengua usada por ellos también significaba la frase: "EXTRAER DEL FONDO DE TODAS LAS COSAS LO MÁS HERMOSO QUE HAY EN ELLAS", lema que era un poco la brújula en sus vidas entre ellos y de relación ante los demás; frase que se aplicó muchos siglos antes a los que extraían los metales preciosos del seno de las montañas, y a los que extraían las perlas del seno del mar, pero que los Kobdas lograron aplicarla a toda manifestación de vida, aún en aquellas situaciones dolorosas, angustiantes o lamentables que no parecían tener solución.

LEYES KOPTAS

"El Amor es la única cadena que sujeta al Kobda a los muros de la Casa de Numú"

Bases

PRIMERA: Kobda: Eres habitante de una pequeña estrella que gira incesantemente en la anchurosa inmensidad, entre millones de millones de estrellas mayores y menores que la que tú habitas.
Tan inconmensurable universo ha ido surgiendo en diversas edades, ciclos o épocas, de la Eterna Energía Divina que encierra en Sí Misma tres poderes: Creador, Conservador y Renovador. Estos tres poderes forman la Tríada Divina encerrada en el Alma Madre de todo cuanto existe y existirá.
Es en el Supremo Hacedor, el Altísimo, el Eterno, en el que comienzan todas las cosas y en el que se refunden y terminan. Adora esta Grandeza, Kobda, y no adores nada más.

SEGUNDA: Muchos seres habitan como tú esta estrella flotante que llamamos Tierra y todos estamos obligados a interesarnos por la habitación que en el concierto de los mundos y de las humanidades nos ha sido designada.
Y todos estamos obligados a amarnos y ayudarnos los unos a los otros espiritual y materialmente, para conseguir la Felicidad, la Sabiduría y el Amor, que forman la perfección de todo ser.

TERCERA: Siendo la Felicidad, la Sabiduría y el Amor la Tríada que constituye la perfección de todo ser, debes consagrarte con sin igual esmero a conseguir la Felicidad, la Sabiduría y el Amor. La Felicidad se consigue mediante la armonía perfecta entre tú y todos los seres que de inmediato te rodean. Y la armonía es fruto de la delicadeza de pensamientos, de palabras y de acciones y de la benevolencia del corazón.

La Sabiduría se consigue con el estudio de las leyes eternas que ves rigiendo el vasto universo y con la meditación o concentración de tus facultades espirituales hacia tu interior, a fin de que llegando al conocimiento de ti mismo, aniquiles tus imperfecciones y puedas así conseguir la íntima unión con el Alma Madre de todo cuanto existe. Conseguido esto la sabiduría está dentro de ti.
Y conseguirás el Amor perfecto y divino cuando, ya purificado de tus malos hábitos, hayas aprendido a no desear, ni buscar, ni querer sino aquello que es felicidad, sabiduría y amor para todos los seres que te rodean.
Estos son, oh Kobda, los tres basamentos en que se sostiene el grandioso templo espiritual que quieres levantar.

Las columnas del Santuario

PRIMERA: La perseverancia. Aurora tras aurora, luna tras luna, año tras año, has de ir levantando, ¡oh Kobda!, tu edificio sobre estas bases, sin apresuramiento, pero con firmeza y seguridad. Si te desalientas o te cansas por ser muy poco lo que consigues elevar tu construcción cada año, es señal de que aún eres demasiado nuevo para iniciar estos trabajos.

SEGUNDA: La obediencia a la Ley. Estúdiala y compréndela, que si la comprendes la amarás y, amándola, fácil te será abrazarte a ella como a una madre que te irá llevando en brazos por un camino oscuro y pedregoso.

TERCERA: El desinterés. Ningún móvil personal ha de impulsar tus acciones, sino sólo las elevadas razones de justicia y equidad tendientes al bien de tus hermanos, antes que al tuyo propio.

CUARTA: La conformidad con la voluntad del Altísimo manifestada por los acontecimientos que no fueron procurados por ti y que tú no puedes evitar ni cambiar. Esta conformidad la probarás en la serenidad con que aceptarás lo inevitable, en la carencia de deseos perturbadores de tu paz, en la dulce alegría mesurada y discreta que debes manifestar en la vida de relación con tus hermanos.

QUINTA: Dominio de sí mismo. Tus disgustos, tus dolores, tus desazones interiores, deben ser guardados en lo más profundo de ti mismo, y muy injusto serás si obligas a soportar a los demás las intemperancias o las violencias de tu carácter, o los dolores que sólo tu propia miseria te ha causado. Y si tu dolor es debido a extrañas contingencias, compártelo con tus hermanos y serás aliviado sin causarles pesar.

SEXTA: La benevolencia. Es la eflorescencia del amor verdadero que inunda el espíritu y que se desborda al exterior como el agua de un vaso demasiado lleno. Si tu trato para los demás es agrio y duro, es fruto de tus rebeldías interiores que aún no has dominado.

SÉPTIMA: La sinceridad y la confianza mutua. Cuando has decidido unirte en la vida común a tus hermanos, debes alejar de ti, como un veneno destructor, toda simulación, todo engaño, toda desconfianza, todo recelo, toda mentira. Cuando te sientes culpable de un error o equivocación o descuido grande o pequeño, tú debes ser quien lo manifieste primero, antes de que seas por ello reprendido. Y llegado este caso guárdate de negarlo, porque sería errar doblemente. Y si en la vida de relación incurres en la bajeza y mezquindad de demostrar desconfianza en tus palabras o en tus acciones para con tus hermanos, convéncete de que aún estás muy lejos de merecer que tus hermanos depositen confianza en ti.

OCTAVA: La abnegación. Seas, ¡oh Kobda!, el primero en buscar el sacrificio y el último en buscar el galardón. Y nunca recuestes tu cabeza en el lecho sin haber hecho algo en beneficio de tus hermanos. Que te sea igualmente dulce y suave recibir servicios que prestarlos.

NOVENA: Desprendimiento de honras y riquezas. Sabio serás si huyes estos dos grandes escollos de la vida espiritual. Al aceptar vida en común has eliminado el último, pero expuesto estás a caer en el primero si eres dado a procurar lugares sobresalientes o deseas con inquietud realizar obras que atraigan la atención de las gentes.

DÉCIMA: La fraternidad. Si no te sientes hermano verdadero de tus hermanos, por completo desnudo de celos, de envidias y de aversiones, nunca podrás formar con ellos en el concierto magnífico y divino de la conjunta aura de amor necesaria para sentir dentro y fuera de ti la grandeza del Alma Madre.
Estas son, ¡oh Kobda!, las diez columnas que sostienen el santuario que vas levantando.


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