8 feb. 2008

Dios Es



Inhale profundamente y póngase lo más cómodo posible. Si lo prefiere, escuche algo de música relajante. Cuando yo medito en casa, con frecuencia pongo música de fondo y no necesariamente cantos religiosos. (De hecho, algunos de mis lectores del libro pasado se escandalizaron cuando revelé que uso música de Kenny G en mis meditaciones). Permita que la atmósfera que lo rodea se llene de la presencia de Dios. Tome otro suspiro y al inhalar piense "Dios". Después al exhalar, piense "es". Encuentre el ritmo en el cual pueda elevarlo a su conciencia mientras respira. Inhale Dios; exhale es. Adentro, Dios; afuera, es.

Después siga con la frase "Yo Soy". Respire hacia adentro, Yo, hacia afuera soy; adentro Yo, afuera, soy; Yo, soy. Yo, soy. Continúe durante otras ocho o diez repeticiones y después combine las dos frases. Inhale, "Dios es" ; exhale. "Yo Soy" . Adentro, Dios es; afuera, Yo soy. Dios es, Yo soy. Dios es, Yo soy.

Mientras continúa respirando, déjese llevar. Todo lo que se nos a enseñado tiende a pretender hacer las cosas en forma activa y precisa para estar en control todo el tiempo. Le sugiero que no trate de mantener control de nada. Puede dejarse llevar dentro de una hermosa nube o de una niebla de luz dorada y plateada. O tal vez pueda flotar en los brazos de alguna imágen Divina, ya sea masculina como Jesús, Buda o Krishna; o tal vez femenina como María, Tara, Kali o alguna otra.

Ahora, simplemente quédese con esta presencia, con esta luz. Permítase a si mismo estar en esta presencia. Dios es. Yo soy. La cosa más importante es permitir a su cuerpo, espíritu y alma ser uno mientras lee la siguiente oración poema escrita por el místico hindú Paramahansa Yogananda y deje que vibre a través de cada parte de su ser. Tal vez prefiera narrar el poema de antemano y escucharlo en ese momento de modo que pueda mantener los ojos cerrados, respirando ritmicamente.

Desde las profundidades del sueño
Mientras asciendo la escalera espiral del despertar total,
Yo susurro
¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!
Vos sois arte en la comida
Y cuando rompo mi ayuno por la separación nocturna de ti
Te pruebo y mentalmente digo
¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!

No importa donde voy, la luz de mi mente,
Siempre me mantiene encendido en Ti,
y en la ruidosa batalla de la actividad,
mi grito de guerra silencioso siempre es:
¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!

Cuando bulliciosas tormentas de las pruebas chillen
Y las preocupaciones me griten
ahogaré su ruido cantando
¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!

Cuando mi mente teja sueños con hilos de memorias
en esta tela mágica
yo grabaré en relieve
¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!

Al despertar, comer, trabajar, soñar, dormir,
servir, meditar, entonar cantos, amar divinamente,
mi alma constantemente murmura, imperceptible para nadie:
¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!

Por un momento permita que la esencia de Dios con la cual acaba de estar en contacto traiga a su conciencia a aquellas personas que necesitan de sus oraciones hoy. Pueden ser personas que conozca o no, pero por quienes sienta que debe de rezar. Mientras estos nombres o imágenes surjan en su mente, consciente o inconscientemente, usted podría querer orar en silencio "¡Dios! ¡Dios! ¡Dios! Mientras el don sagrado que está invocando llega a su mente, muéstrese receptivo al amor de Dios y de otros. El deseo es creciente y más fuerte. Usted verdaderamente quiere estar al servicio de Dios y de otros. Permita que esas palabras se muevan a través de cada aspecto de su sistema espíritual.

Entienda que el invocar la presencia de Dios le ayudará a través de la noche obscura. Los Cristianos Ortodoxos se refieren a Dios como la "obscuridad brillante". En la obscuridad está la luz y usted simplemente a un paso de casa.
Hay un camino que lo lleva. Dios es. Yo soy. Dondequiera que Dios está, estoy yo. Quizá pueda repetir esto en su susurro: Donde quiera que Dios está Dios, estoy Yo.

Después exprese su gratitud. Gracias, Dios mío, por revelarte a mi y a todos nosotros tus hijos quienes somos alguien. Hemos sido llamados para un propósito específico en la vida y si sólo entramos y descansamos en tu presencia, nuestro propósito será revelado a puertas abiertas, tal y como las montañas son niveladas, como las puertas de metal y los obstáculos en nuestro camino son removidos. Oh Dios, que grandioso es tu nombre, Adonai, Jeová, Yavé, Ramá, Eloím, Alahá, Abwoon.

(fragmento tomado del libro La Oración y las cinco etapas de curación de Ron Roth, y Peter Occhiogrosso)


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